El retrato del cambio / Vicente Paradox

Dos versiones del retrato de Obama creado por Frank Shepard Fairey
R.A.E.: “Cambiar: 1. tr. Dejar una cosa o situación para tomar otra. 2. tr. Convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contraria”.
Desde hace un par de semanas el retrato de Obama, realizado por Frank Shepard Fairey, cuelga en las prestigiosas paredes de la US National Portrait Gallery, que posee la única colección completa de efigies, fuera de la Casa Blanca, de los 42 presidentes de Estados Unidos. Este hecho no tendría ninguna relevancia si no fuera porque es la primera vez que el retrato elegido para ilustrar al nuevo presidente no se ha hecho por encargo, si no que surgió de forma espontánea y su enorme repercusión lo ha catapultado hacia el éxito.
El cartel original contenía la palabra Progress, pero pasadas dos semanas, y ante el repentino éxito que estaba teniendo, miembros de la campaña de Obama se pusieron en contacto con él para que la cambiara por Hope, mucho más acorde, según ellos, a la línea del discurso del entonces presidenciable. Durante la campaña electoral se distribuyeron 300.000 pegatinas y 500.000 pósteres con el retrato, cuya fama alcanzó cotas inimaginables e incluso llegó a ser portada de la revista The Time.
Otro aspecto que lo diferencia de sus predecesores es el colorido y la “transgresión” que supone el no haber elegido un retrato de corte institucional como hicieron con el resto de mandatarios estadounidenses. Es un paso más en la visión general de cambio que quiere promover Obama.
El retrato de Shepard Fairey está a medio camino entre el pop art de Warhol y el cartelismo militar de propaganda de los conflictos de principios del siglo XX (la Revolución Rusa, la Guerra Civil Española o la I Guerra Mundial). El uso de los colores blanco, rojo y azul le confieren un punto de patriotismo que se asocia directamente con la palabra Hope de la parte inferior. De hecho la relación es a tres bandas, ya que el Obama tricolor funde dos ideas, la persona y el país, dejando claro que son uno, al tiempo que se insta a la gente a tener esperanza en ambos.
Por otra parte, no deja de ser curioso que Fairey haya olvidado (u obviado) un detalle muy importante que sintetiza el cambio promovido por Obama: el color de su piel. Ser el primer presidente negro de los Estados Unidos implica un cambio de mentalidad importante que, si bien no eliminará los conflictos raciales en el país, sí que marca un punto de inflexión en la concepción de EE.UU. como país. En teoría (tampoco hay que ser ingenuos) ya no hay blancos y negros, sólo estadounidenses, y la prueba de ello es que la persona más importante y poderosa del país, y por extensión del mundo, es de raza negra.
M’encanta aquest retrat! És ben bé com dius: entre Warhol i els cartells bèl·lics. Ja tocava una renovació en els retrats, els que són de caire institucional la veritat és que són aborrits i arcaics.
Armin Tanzarian
febrero 6, 2009 a 3:00 pm